La imagen de la 10a edición, por Todojunto
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Cuando recibimos el encargo de hacer la gráfica y la página web para el festival, tuvimos una serie de reuniones con el equipo de comunicación, coordinación y curaduría. Fueron reuniones, digamos, que nos permitieron empaparnos de los procesos, en las que salieron palabras y conceptos que encontramos que ponían en escena una serie de tensiones, que se manifestaban justamente en la dificultad de definir Sâlmon sin encasillarlo. 

Utilizar un dispositivo como es un festival para dinamitar lo que comúnmente se entiende como un espacio de consumo pasivo de contenidos culturales, es una de las características que ha ido consolidando Sâlmon en sus diez años de vida. 

Las curadoras y el equipo nos hablaban de la idea de la retroalimentación, de la reciprocidad y los cruces de públicos, del deseo implícito de  encontrar un lugar, de poner la mirada que cada artista, cada propuesta es un vehículo de transmisión de saberes… ¿cada artista es una escuela?, y nos preguntábamos (entre todas), ¿Juntar estos cuerpos de saberes, genera una casa?¿un espacio?

La idea de un espacio sin forma, amoldable, adaptable, estirable, en donde no existe un lugar fijo para la periferia y el centro, nos llevó a empezar a trabajar con materiales elásticos. Nos hicimos con slimes, globos de caucho, tejidos elásticos, látex, etc y montamos un estudio fotográfico rápido el local para hacer pruebas de cómo podrían estos materiales funcionar como un elemento conductor en la línea gráfica de la edición del festival, manteniendo en cuenta otra de las premisas del encargo: que la información fuera clara, legible y con un trabajo tipográfico cuidado.

Os dejamos aquí, algunas fotografías del proceso.

Ricardo, Tiago, Leticia y Maria

Todojunto.

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